Este estudio continúa el anterior y toca el mismo pasaje fuerte. Léelo antes con tu grupo.
Arrepentirse no es sentirse mal. Es dejar de esconderse. En esta historia pasa de una manera muy concreta.
Un versículo para empezar
Si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Jn 1:9 NTV)
Arrepentirse es volver a Dios con la verdad por delante. Y él no recibe a quien vuelve con reproches, sino con perdón.
Qué enfrentó
Después de lo de Betsabé y Urías, Dios envió a David un profeta, Natán, con una historia: un hombre rico que, teniendo muchas ovejas, le quitó a un hombre pobre su única ovejita para dársela a una visita (2 Sam 12:1-4).
David se puso furioso. Dijo que quien hiciera eso merecía morir (2 Sam 12:5). Y Natán le contestó:
¡Tú eres ese hombre! (2 Sam 12:7 NTV)
Qué sintió
El texto no describe el momento, pero la respuesta de David es breve y directa:
He pecado contra el Señor. (2 Sam 12:13 NTV)
Y hay un salmo que muestra con detalle lo que sentía. Su título dice que lo escribió «cuando el profeta Natán fue a verlo después que cometió adulterio con Betsabé» (Sal 51, título). Dice cosas como:
Pues reconozco mis rebeliones; día y noche me persiguen. (Sal 51:3 NTV)
No escondió lo que sentía. No dice «cometí un error»: dice que reconoce lo que hizo.
Quién lo sostuvo
Natán respondió con algo que David necesitaba oír:
Sí, pero el Señor te ha perdonado, y no morirás por este pecado. (2 Sam 12:13 NTV)
Hay que decir también la otra parte, porque la Biblia la dice: el perdón no borró las consecuencias. Dios le anunció que «tu familia vivirá por la espada» (2 Sam 12:10 NTV) y el hijo de David con Betsabé murió (2 Sam 12:14-18). El perdón es verdadero y las consecuencias también.
David pidió esto en el salmo:
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí. No me expulses de tu presencia y no me quites tu Espíritu Santo. Restaura en mí la alegría de tu salvación. (Sal 51:10-12 NTV, en parte)
El salmo dice también «contra ti y solo contra ti he pecado» (Sal 51:4 NTV); la historia, por su parte, deja ver que el daño alcanzó también a Urías y a Betsabé.
Y hoy, ¿quién te sostiene?
- Dios. «Si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad» (1 Jn 1:9 NTV).
- Jesús. «Si alguno peca, tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre. Es Jesucristo, el que es verdaderamente justo» (1 Jn 2:1 NTV).
- El Espíritu Santo. Jesús dijo que cuando el Abogado Defensor viniera, «convencerá al mundo de pecado» (Jn 16:8 NTV). Y David pedía que no le quitaran «tu Espíritu Santo» (Sal 51:11 NTV).
Y tú
- David tardó en reconocer lo que hizo. ¿Qué te cuesta más: reconocer que te equivocaste o decírselo a alguien?
- Natán usó una historia para que David viera su pecado. ¿Quién ha sido un «Natán» para ti?
- El perdón no quitó las consecuencias. ¿Cómo te hace sentir eso?
- ¿Qué es lo que más te cuesta perdonarte a ti mismo?
- ¿Qué dejarías hoy en manos de Dios?
Dinámica con el mazo
Tiempo: 15 minutos · Jugadores: 2 a 5 por mesa · Material: el mazo, tarjetas. Las reglas no cambian.
- Cuando alguien juegue Arrepentimiento y recupere una carta del descarte, dice: «Algo que quisiera hacer distinto es…». Puede decir «paso».
- Quien quiera, lee en voz alta 1 Jn 1:9.
- Al terminar, cada uno escribe en una tarjeta algo que quiere dejar en manos de Dios, la dobla y la guarda. No se comparte.
Por qué funciona: Arrepentimiento te devuelve algo del descarte. Con Dios, el perdón devuelve algo que parecía perdido, sin borrar lo ocurrido.
Datos prácticos
- Edad: 15 a 20. Incluye la muerte de un niño (2 Sam 12:14-18) y el contexto del estudio anterior; léelo antes.
- Tiempo: 7 minutos de lectura, 15 de dinámica.
- Materiales: el mazo y tarjetas.
- Antes: Tentación. Cierra la temporada de David.
Texto bíblico: La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.
